
He descubierto que muchas veces, una sutil diferencia en nuestra actitud, que por supuesto puede marcar una gran diferencia en nuestro futuro. Puede estribar en algo tan simple como el lenguaje que usamos a diario.
Tanto en la forma en que hablamos con los demás como también en la forma que hablamos con nosotros mismos. Si conscientemente tomamos la decisión de no decir más –
“no quiero que…” – y empezar a decir –
“sí quiero que…” - logramos lo que yo llamo “FE”. Creer lo mejor, desear lo mejor y enfocarse hacia lo mejor.
Un ejemplo podría ser, si en vez de decir – “¿Qué pasa si no me contestan?” empiezan a decir – “¿Qué pasa si sí me contestan’?”.
En vez de preguntar – “¿Qué pasa si me dicen que no?”, pregunte – “¿Qué pasa si me dicen que sí?”
En vez de – “¿Qué pasa si empiezan y después dejan?”, pregúntese – “¿Qué pasa si empiezan y siguen?”.
O en vez de – “¿Qué pasa si no funciona?”, – “¿Qué pasa si sí funciona?” La lista sigue y sigue.
Descubrí que cuando uno empieza por pensar y decir lo que realmente quiere,
tu mente automáticamente se ajusta y te empuja en esa dirección. Muchas veces puede ser así de simple – solamente un pequeño giro en tu vocabulario que ilustre tu filosofía y actitud.